Mis padres me enseñaron que los hombres y las mujeres son diferentes, pero iguales.

Pero cuando yo era pequeña, las mujeres no tenían los mismos derechos.

Una mujer que quería trabajar tenía que pedir permiso a su marido. Y el marido podía rescindirle el contrato si creía que descuidaba sus deberes de ama de casa. Hasta que no fui estudiante, las mujeres de mi país no conquistaron el derecho a firmar su propio contrato. Y luego tuvimos que luchar para hacer realidad nuestra igualdad de derechos.

Ahora avancemos rápido hasta 2024. Hoy las mujeres son científicas, consejeras delegadas y soldados. Las mujeres son futbolistas y ganadoras del Premio Nobel. Por primera vez en la historia de nuestra Unión, tenemos cuatro mujeres al frente del Parlamento Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Banco Europeo de Inversiones.

Y en los últimos cinco años hemos tomado medidas sin precedentes en favor de los derechos de la mujer en Europa. Hemos convertido en ley un principio básico: que a igual trabajo, igual salario. Porque no hay una sola razón por la que una mujer deba cobrar menos que un hombre. Hemos desbloqueado una legislación que llevaba diez años atascada, para que haya más mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas europeas. Porque hay muchas mujeres cualificadas que pueden llegar a lo más alto. Y hemos impulsado la primera ley europea para acabar con la violencia contra las mujeres.

Porque no puede haber igualdad sin ausencia de violencia. Pero el camino hacia la plena igualdad es aún largo. Requiere atención y compromiso, cada día, de todos y cada uno de nosotros.

Para que la próxima generación de mujeres pueda tener por fin lo que se merece: un mundo de igualdad de derechos y oportunidades, para todas.

Feliz Día de la Mujer.

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